Trazos de luz intermitente

Poco a poco fueron golpeando
sonidos de tambor en la ventana de mi ignorancia,
jaquecas corrientes por tu universo
y el llegar a mi conocer

Exactamente allí, donde menos lo esperaba
allí, en el cálido vivir, y en los días desesperados
ya llegabas tú

Así (y allí) pasaron los días…

Y entonces, comenzó todo,
comenzó en las palabras de tu infinito conocimiento
un movimiento de manos, que abierto al público
me dejó sin aire, sin colores y sin cadenas

Esa admiración e impacto de verdad absoluta
ya nacida de hace tiempo
que, en un triste velero, fue viento en popa

Vino todo con cada idea sonora,
esa historia de cómo volvió el bolero
¡Ahh! aquella tierra maravillosa

Vino todo con el sonido de vos (z),
con tu rayo de oro marcado en el cabello
con tu ternura desconcertante
en esa alma de tanto bagaje

Vino todo a sentarme entre soles
callado y algo tranquilo
a admirar entre vientos
el barro de toda tu armadura

Vi tu rostro muy de cerca
una sonrisa tímida y desconocedora
y se acercaba despacio;
asomaba su bandera blanca
por la ventana de tus ojos miel y marrón
y con poco, me llenó

Un trazo sencillo a través del espacio
con una palmadita de tristeza en tus mejillas
y tantos pensamientos entrecruzados

Vino todo a hacerme sonreír
con mi sinalefa escondida
y un poco de soledad perdida.

Hugo Porras

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Claridad

A ti, que no eres humo ni vaivén
sino aura decidida del viento
a ti, tez blanca del sol
he decidido escribir

porque por tu carácter fuerte
y la honestidad expuesta
es que podemos arar camino

aún cuando no se levantaran los sinos
y aún cuando la palabra no encontrase refugio;

porque cuando subiese la marea
y se haya podido invadir el alma
habremos navegado las costas
de un horizonte infinito

– una historia como no hay otra igual –

y tendrás este espíritu colgado a la pluma
y la sombra familiar de sus brazos
dando empuje a tu verso en regocijo

y pasará el tiempo…

y tu nombre seguirá
cálido, grande e inmortal.

Hugo Porras

Flor de atardecer

En la suave brisa de la tarde,
al despertar de la memoria
y en el rezago de un instante,
la suave sombra florecía

Acaecían entre luces,
entre micelas y colores,
así, inesperadamente,
pequeños susurros de tu voz

Y podía ver de nuevo,
suspirar de a poquito
y al respirarte
imprimir tus letras
sobre tu propio gran libro.

Hugo Porras

En mi ventana


Golpe de la mañana
y viento trémulo de la noche
vienes a exponer desde tu rama
un poco, en claras palabras

Vienes al atardecer
a calmar sin saber
(o quizás sabiendo)
un poco de locura

Mi ave de silencios
plumas marrones y ojos dulces
vienes en decidido aleteo
a darme un poco de calma

(Y mientras espero puedo escribirte
entre tantas tazas de añoranzas
unas pocas páginas
y varios nuevos acuerdos)

Avecilla del viento
ven a devolverme entre trinos
otro poco de atardecer

¡Ven mi calma!
y no dejes de trinar.

Hugo Porras

Camino

Escribo hoy,
un verso corto y algo de luz,
un negro tenue de mucho color
con la pena esparcida y diligente
y con una compañía única
en multitud de gente

Veníamos paso a paso
un increíble camino,
un tropezón y algo de independencia
en horizontes amplios de corazón

Caminabas blanca y luminosa
y mientras lo hacías, al sonreír,
te convertías en grandes supernovas

Venías como tú:
venías de flores y virtud,
venías sincera como siempre
a darme así, un poco de luz.

Hugo Porras

Entre flores y luz

En la acaecida noche
vino el viento tranquilo
de una tarde de alegría

Caminábamos juntos
en el eco alto y sonante,
mientras llegaban las multitudes
y las luces seguían parpadeando

Hablábamos juntos
directo al tope del corazón
y conocíamos muchas historias
antes y después de la tertulia

Escuchabas mis versos,
tu cabeza junto a la mía,
tus pies junto a los míos.

Caminábamos juntos de nuevo,
y como mecena del arte de tu encanto
paseaba como sombra del Seine:
¡Vibrando!

Y en el avance de la noche
cubiertos ya entre hojas
te miraba directo a los ojos, concentrado

Tú respirabas cada vez más fuerte,
tu mejilla ronroneaba acariciando a la mía
y se encajaba tu rostro en mi cuello,

Tu silueta de mármol
de curva espectacular,
poco después, con el atlas en la espalda
atraía al signo solar

Y un cabello terso de oro
color de alba hora
y mejilla de beso ignoto,
bailaron junto a mi mano
y al cobalto tesoro.

Suavidad.

Y ahora…

¡Alza tu fuerza en el abrazo!
E inmortaliza el viaje a la memoria;
descansa en mis suaves historias
y camina, así, bonita y llena de gloria.

Entre flores y luz
como salida del cuadro encantado
ven a permitirme ver
tu calor de extenso canto
y en el gran recorrido al Elíseo
deja que protegido de Morfeo
admire de nuevo tus labios

¡Siente y vive!
Así como me has llevado hoy:
más allá de los prados.

Hugo Porras

Admiración evolucionaria

Hoy vine a contarte una historia,
un verso de esos que tantas noches,
ha logrado acompañarme
sin prisas, sin reparos y sin angustias

Hoy vine a contarte sobre la visión eterna,
un cuadro dibujado a carboncillo
que tantas veces vi ir y venir
cargado de a poco, con algo de luz

En aquella visión te enmarqué en memoria
y siendo testigo de tu poderío de barro
con el juego suelto y azaroso de neuronas
te vi inundar la tarde de color

Tus manos doradas daban gestos grandes al mundo
entre alegorías y buen humor,
y lograban contagiar al lector animado
de increíble furor

Luego, tu búho colgado al cuello,
insignia de siglos de conocimiento
y cariño a la herencia;
tus labios rojos,
herederos de la sangre resiliente
del sur del bosque y la montaña;
tus ojos rasgados,
abiertos como ventanas a un mundo no descubierto,
y el rayo de oro nacido en el cabello
lograron catalizar el último paso de la inspiración

Todo hablaba en conjunto,
los días pasados, el golpe estático,
y sonreía en las mejillas de un suelo fecundo,
el mensaje valiente de uno de tus frutos:
un numérico mensaje consciente

Y seguía el tiempo convolucionado
apenas unos minutos, pocos o suficientes
que entre negro y beige
habían descompasado mi tinta
en grandes sellos de inmortalidad

Al final del verso,
eras tú, el haz de luz etéreo
la sorpresa maravillosa
y el dulce canto de la prosa.

Hugo Porras

A Karen, inspiración sine díe

Él era Providence

Revista Heavy Metal – Diciembre de 1981

Viajaba pasajera la noche
entre hojas escritas con tinta y premura

Salía de cada página el autor magnánimo
a enseñar en valientes ataduras
el terror barroco del camino
y una triste amargura

Levantaba la pluma y olvidaba la máquina
todo bajo el color que caía del cielo,
así, tan lleno de tristes tardes oscuras
y antes de llegar al árbol siniestro

Nunca olvidaba a la abnegada esposa
y nunca olvidaba al prohibido libro,
mientras seguía escribiendo en sus nombres
como pudo y como quiso

Escogió siempre el camino equivocado
y tropezaba, ezquizoide, con su propio estupor

Plutón, no guiaste su camino
y al final él se perdió
(aunque caminó casi-contento)

Y en la casa de la colina, él mismo se destruyó
renegó ante las inundaciones
y aún con su triunfo póstumo,
su propio miedo lo mató.

Hugo Porras